martes, 1 de mayo de 2012

Los limites de la solidaridad. ¿Egoísmo o necesidad?


Las modificaciones legales en cuanto al recorte de las prestaciones sanitarias a extranjeros, en resumen, la perdida del carácter universal de la sanidad publica española, rompe la sociedad entre los que ven un acto execrable y los que ven un acto necesario.

En cada bloque de pensamiento se unen razones visibles, como las de mercado, costes, racionalizacion, solidaridad, humanismo y otras menos visibles como las racistas, egoístas o simplemente las que utilizan esta cuestión como ariete político.

Intentando una vez mas de alejarme de la noticia puntual, mi reflexión viene a colación de la misma sobre los limites de la solidaridad. Y digo solidaridad porque no me gusta la caridad, que no es lo mismo. Solidaridad es el sentimiento de unidad basados en intereses comunes o compartidos, por lo que se gestiona común y compartidamente y caridad es un acto vertical, del que puede al que no puede y que queda sujeto a la voluntad del donante.

Creo que en una situación económica solvente, cualquiera que se plantee recortes en materia de solidaridad debe ser una persona muy pobre de espíritu y bajeza moral, pero la filantroía, el humanitarismo, la generosidad... ante la pobreza, como en el caso del cariño y el amor y suelen saltar por la ventana.

Si tenemos en cuenta que el aporte común para la gestión compartida esta siendo permamentemente agraviada por el fraude fiscal, el asalto al botín publico, la economía sumergida, al generoso no solo le es mas oneroso mantener la solidaridad si no que además, se le queda cara de idiota. Sumándole las presiones mediáticas, para desprestigiar y desmantelar cualquier sistema de solidaridad común o publica es cuando la búsqueda de un enemigo interior, un objeto de los males, surge en nuestro ánimo y ese mal es generalmente el pobre, el extranjero, el menesteroso, pasa a ser del objeto del humanitarismo al parásito social que socava la cartera.

En un país donde nos están diciendo permanentemente que trabajar por 10 euros la hora hunde a la empresa, a la sociedad y retrasa el crecimiento económico. Un país donde las grandes fortunas son perdonadas de sus desfalcos, no pagan prácticamente impuestos, donde una banca se come los ahorros públicos mientras nos exige pagar puntualmente la hipoteca y donde yernos, amigos, buscavidas y semejantes se lo llevan crudo. ¿Como podemos exigirle a la sociedad mantener un estado de bienestar a costa de sus magros ingresos?.

La defensa de la sanidad universal, origen de esta reflexión, o la capacidad de una sociedad de que todos sus ciudadanos tengan tanta educación como sus capacidades y su voluntad les permitan, cuesta un dinero solidario y ese dinero solidario nace de unos impuestos que se entremezclan como un tótum revolútum, que hacen invisibles las cantidades dedicadas a cada partida en relación con las pagadas individualmente. Y esa invisibilidad hace que sea relativamente fácil crear un clima de animadversión hacia beneficios comunes que intereses privados quieren asumirlos como forma de negocio en el mas licito de los sentidos o como una muestra de un egoísmo exacerbado.

Vuelvo al ciudadano al que se le acaba el sueldo antes del mes y le dicen que hay que eliminar costes “innecesarios” dado que no eliminarlos implican mas impuestos y le cuentan que en sanidad son prescindibles la fecundación artificial, los abortos o en el caso mas próximo, la atención a personas que “no cotizan” (como si al comprar un pan no pagaran IVA), o que son extranjeros, sin explicarle que para hacer eso hay que quitar una palabra “universal” y quitar esa palabra implica que el próximo, quizás, sea el.
El ciudadano, pese a querer o no ser solidario, tiene una cuestión sobre el: Simplemente no puede mas. ¿Como podemos pedir mas solidaridad a quien no tiene para practicarla?, podemos pedirle la lucha política.

Mantener el estado del bienestar depende de la lucha política, porque gobernar es elegir y nuestros gobernantes prefieren recortar la solidaridad que no recortar en otras partidas. Nuestros gobernantes cargan sobre la masa trabajadora el coste de una mala planificación, una mala gestión y una ideología que elige, recortar lo mas básico.


3 comentarios:

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  2. El problema llega de golpe después de habernos tenido discutiendo sobre sanidad, solidaridad, recortes y demás deportes. Porque mientras miramos solo lo que nos afecta directamente y a corto plazo, no nos planteamos pensamientos de mayor envergadura y que, con toda seguridad, entrañen socabar los principios toda una vida de adoctrinamiento capitalista.

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  3. Pues muy interesante reflexión.
    Personalmente creo que tenemos que tener referencias claras sobre qué mundo deseamos construir y qué vamos a aportar nosotros.
    Por desgracia el "sálvese quien pueda" parece ser el mensaje claro que nos envían, con lo que cualquiera se convierte en enemigo, y principalmente a los que podemos "diferenciar" para de forma efectiva acabar discriminando. Esto hace que la solidaridad esté muy desprestigiada hoy en día, hasta el punto que a la simple conducta cívica ya se le empieza a llamar solidaridad y por tanto pasa a tener mala prensa porque no es "económicamente sostenible".
    Es muy grave lo que está ocurriendo y felicito el que se denuncie porque los que cargan indiscriminadamente sobre los más débiles no se privan de hacer propaganda.

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